Orígenes de la cultura y la sociedad japonesas (y IV)

La sociedad Yamato

Tanto el número y tamaño de las tumbas como los restantes hallazgos arqueológicos han dado lugar a una serie de especulaciones acerca de la organización politica y social del Japón de entonces. ¿Qué sistema político sería capaz de movilizar los recursos humanos a semejante escala? Por lo pronto podemos -en torno a las referencias aparecidad en posteriores crónicas históricas Japonesas y a fuentes chinas y coreanas- aventurar hipótesis respecto de los perfiles de la sociedad de los siglos V y VI. Todo apuntaría, según estas fuentes, a la existencia de una confederación de estados trinales -algunos de ellos muy poderosos y muchos en contacto

con el continente- dominados a su ves por una dinastia centralizadora cada vez más poderosa con sede en la región de Yamato. Sus gobernantes, que podrían asimismo haber constituido una confederación rotatoria de caciques tribales unidos entre si por lazos matrimoniales, alegaban descender de la Diosa del Sol. Extendiendo su dominio hacia el este y el oeste, lograron hacerse construir los más imponentes monumentos funerarios. Diversos espejos fundidos con un mismo molde parecen haber sido distribuidos allende la región de Kyoto-Nara-Osaka como símholos de la autoridad de Yamato sobre las restantes tribus. Muchos de los numerosos objetos funerarios encontrados en los túmulos de las familias locales ligadas al poder yamato podrían haber traido regalos del propio régimen central. En Okinoshima, una isla del mar de Japón y santuario de las travesías marítimas, han aparecido numerosos objetos similares a Ios de las tumbas Yamato, cuyos caciques habrían patrocinado la celebración de rituales en la isla.

La gran semejanza entre la inscripción que aparece en una espada de hierro hallada al este de Japón, en Inariyama, prefectura de Saitama, haciendo mención de la fidelidad debida por los vasallos, y la que se lee en una espada perteneciente al túmulo de Etafunayama, cerca de Kumamoto, en Kyushu, parecería hablar a las claras de una centralización del poder; muchos estudiosos ven en ello la muestra del alcance político de los jefes Yamato, presentes desde las Ilanuras <del Kantö hasta el norte de Kyushu. Asi, se iran interpretado los mitos de cesión de tierras por parte del pueblo de Izumo mencionados en los Kojiki como una derrota de esta gente a manos de Yamato, que reconoce el derecho de Izumo a conservar sus dioses y costuombres rituales.

Sin embargo, ni arqueólogos ni historiadores parecen ponerse de acuerdo en cuanto al origen o la dinámica del poder Yamato. Con todo, caben pocas dudas de que durante el período de las grandes tumbas la sociedad mostraba una estratificación bastante definida, con los Yamato intentando ejercer su control e influencia sobre una confederación de clanes rivales o uji organizados en base a estructuras muy similares. Hacia los siglos V y VI comienza a perfilarse en Yamato la preeminencia de un único linaje real. De acuerdo con las inscripciones de los espejos, los caciques Yamato son Ilamados Daiö (Gran Rey), que también puede Ieerse como Ökimi. El término que denomina históricamente a los soberanos del Japón, tennö, no aparecerá hasta el siglo VII, pero sus semejanzas con la realeza Yamato son numerosas. Uno de estos elementos comunes es el linaje: a lo largo de la historia japonesa, los lazos de sangre han jugado un papel preponderante en el ámbito imperial. Otro de los elementos de semejanza es la supremacía militar; otro más, la capacidad de manipular y monopolizar la simbologia mitica solar a fin de incrementar su autoridad. Asi, por ejemplo,las ceremonias de acceso a Ia Diosa del Sol se desenvolvian en medio de constantes alusiones al origen divino del linaje Yamato. Otros elementos incluian el control de interereses tribales enfrentados mediante la distribución de títulos, los casamientos selectivos, que permitían ligar los intereses de los clanes mas poderosos a los de la dinastia central, y la adquisición de tierras dinásticas (miyake). Por debajo de la corte Yamato, la sociedad de clanes estaba organizada en uji, be y grupos esclavos. Los jefes de los grandes uji también eran Ilamados Ökimi. Entre los poderosos uji más intimamente ligados a la dinastia Yamato se encontraban los Soga, Mononohe, Nakatomi, Kasuga, Ki, Ötomo y Haji. Sus caciques recibían títulos en función de parentesco o sevicios prestados, valorados en relación a su proximidad con la corte. Como titulos figuraban los de Omi, Muraji, Tomo no miyatsuko (Clanes asistentes)y Kuni no miyatsuko (Lidercs provinciales). Muchos de estos uji tenian un origen o nexos continentales y ofrecían servicios o habilidadcs especiales. Sus caciques ejecutaban los ritos tribales, aplacahan a las divinidades locales (komi) y dirigian el culto a los ancestros.

Tras los uji, y a su servicio, se encontraban los grupos semiserviles Ilamados be. Agrupados en base a una ocupación, producían artículos como papel, telas armas o productos agrícolas o bien realizaban tareas hereditarias como camareros o escribas al servicio de la corte o el uji local. Eran algo superiores en nivel a los prisioneros de guerra o a los nacidos en esclavitud (yatsuko). Algunos grupos inmigrantes, como las familias Aya y Hata, poseedores de avanzados conocimientos en lo que hacia a escritura diplomacia, agricultura, herrería tejeduría y cerámica, jugaron un significativo papel social tanto entre los uji como entre los be.

Las relaciones con el continente: Yamatai y Yamato

Durante estas primeras centurias de los periodos Yayoi y Kofun, los clanes japoneses mantuvieron intermitentes pero estrechos contactos con el continente, sobre todo con China y, en especial, con la peninsula coreana.

Para los cronistas chinos, los bárbaros orientales de los paises de Wa resultaban materia de interés. Las "Crónicas de lo ulterior dinastia Han" refieren cómo en el año 57 d.C. el emperador chino concedió a uno de estos caciques un sello de oro con la inscripción "Rey Nu de Wa de Han" lo que equivale a decir que el rey Nu de Wa era un vasallo de Han. Por una extraña coincidencia, un sello con igual inscripción y del mismo periodo apareció en 1874 en un prado de Shikanoshima, al norte de Kyushu.

Detalle por ambas caras del sello de oro con la inscripción "Rey Nu de Wa [vasallo] de Han". El sello tiene una base cuadrada de 2,4 cm de lado y similar altura, y su puño está tallado en forma de animal con cabeza de serpiente.

Otro texto, éste del 107 d.C., registra el obsequio de 160 esclavos por parte de un gubernante de Wa en soliritud de audiencia imperial. En las crónicas chinas del siglo segundo se habla de los 100 paises de Wa. Con estos fragmentos como prueba, ciertas hipótesis plantean que en el siglo en el reino de Wa estaba formado por numerosas aldeas-estado beligerantes, que muchas de ellas tenían relaciones con China y que ya se habia puesto en marcha para entonces un proceso unificador de las mismas.

Hacia fines del siglo II el imperio Han comenzó a declinar, siendo finalmente reemplazado, por tres reinos, el de Wei en el norte, el de Wu en el este y el sur y el de Shu con la cuenca del Sichuan. En el año 265 d.C., el de Wei daba paso al Jin occidental. Fue este un periodo inestable, con los tres reinos intentando extender su influencia y unificar el pais. Wei actuaba en Manchuria y el norte de Corea y, compitiendo con Koguryö en el norte, fortaleció el control de las colonias chinas en Lolang y Daifang. También Wa Ilamó la atención de la corte de Wei, y hacia allí partió al menos una embajada. Por su parte, a raiz de su presencia en la parte sur de la peninsula, las gentes de Wa procedentes de Kyushu estaban en contacto con Wei.

En Wa, según cuentan las Crónias Wei (Wei Zhi) entre los "relatos de los bárbaros del este", treinta paises se habían unificado a mediados del siglo III bajo el liderazgo de la reina chamánica Himiko de Yamatai. El relato ofrece una detallada descripción de las costumbres sociales de Yamatai e incluso se esfuerza en proporcionar las distancias de los distintos trayectos para Ilegar desde China. Documentos coreanos también hacen mención de Yamatai. Sin emhargo, ni Yamatai ni Himiko aparecen en las Kojiki o en las Nihon shoki. Las referencias a Yamatai en las Wei Zhi plantean una de las polémicas más arduas y prolongadas en la historiografía de Japón :¿donde estaba Yarnatai? ¿Cuál era, si la hubo, su relación con Yamato? El debate data ya del siglo XI, al situar Ios estudiosos a Yamatai en el área de Yamato.

Desde entonccs, su hipotética ubicación ha corrido todo tipo de suertes. Hay quien sostiene que si se ajustan correctamente los datos de que se dispone, Yamatai habría estado en Kyushu; otros se inclinan por el extremo más oriental del mar Interior en la región de Yamato. De haber estado en Kyushu, en el momento del relato de las Crónicas Wei Yamatai debía constituir un importante estado local. De ser cierta la segunda teoría, lo que conocemos como dinastia Yamato se habría establecido hacia el siglo III. Por lo demás, el radio de influencia de Yamatai parece haber sido mucho mayor que el de un mero estado local con base en Kyushu. En el siglo IV, a medida que menguaba la presencia china en la peninsula de Corea, los reinos de Silla y Paekche ganaban terreno en el sur y Koguryö trataba de extenderse hacia el norte. Los historiadores japones estiman que la dinastia Yamato (Wa) debió establecer relaciones diplomáticas con Paekche en el año 336, introduciéndose asimismo en el sur mediante la colonia de Mimana (Kaya), cuyo gobierno ejerció hasta el año 562, en que fue expulsada por Silla. Después del 663, Yamaro intentó recuperar parte de su influencia en la península ayudando a Paekche en sus disputas contra Silla y sus aliados. En el 663, tropas chinas Tang y fuerzas de Silla derrotaron a Paekche, apoyado por Yamato, en la batalla de Hakusukinoe. En una de las mayores batallas del periodo antiguo Japón sufria una derrota que lo obligaba abandonar la península. A partir de entonces, y ante la imposibilidad de garantizar su influencia por medios militares, los gobrrnantes japoneses optaron por un contacto cultural y diplomático con China en lo que podría describirse como un gran esfuerzo de fortalecimiento interno basado precisamente en las lineas maestras de la politica china.

De acuerdo con un documento chino, el Song chu, entre el 413 y el 478, cinco caciques o tal vez reyes de Wa enviaron a China un total de nueve embajadas con tributos. Algunos investigadores sostienen que esta política diplomática estaba encaminada a obtener cierto apoyo para las posiciones de Yamato en la península coreana. Los nombres japoneses de los cinco reyes mencionados eran San, Mi, Sei, Kö y Bu y se han realizado intentos por relacionarlos con los antiguos tennö mencionados en los Nihon shoki, aunque con escasa fiabilidad. Lo que queda fuera de toda duda es que en aquella época Yamato recibió importante informació cultural y tecnológicamente tanto de Paekche como de Silla y los reinos chinos, y que su actividad diplomática con China, quizás encaminada a proteger sus intereses en la peninsula, era considerable. Estos contactos contribuyeron a enriquecer el nivel cultural de Yamato; existen al respecto numerosos indicios del elevado vagaje cultural que muchas familias inmigrantes, uji y be, han aportado a los clanes Yamato en todos los campos de la actividad política y social. Es a lo largo de estos siglos, por ejemplo, que se introduce en Japón el sistema chino de escritura, según lo atestiguan las inscripciones encontradas en espejos y espadas. Los portadores de estos conocimientos son originalmente grupos de inmigrantes al servicio de la corte Yamato o bien importantes uji que ejercen de escribas o cronistas.

En este punto de su desarrollo cultural, Japón apenas puede pensarse como un ente aislado de sus vecinos continentales. En el siglo VII, se siguen construyendo tumbas. Sin embargo, para entonces, la sociedad japonesa ha comenzado a transformarse bajo el influjo de los nuevos elementos culturales procedentes del continente. Esta transformación afectaría en primer lugar la vida espiritual de los principales familias; luego, la organización administrativa y política del país. Hacia mediados del siglo VI, el budismo ya muy arraigado en China y Corea, inicia su andadura japonesa a través de las familias de inmigrantes. Los templos budistas fueron reemplazando paulatinamente a las grandes tumbas como lugares rituales de las capas altas de la sociedad. Pero el budismo no fue mas que el primer impulso de una fuerte actitud reformista y de emulación hacia China que habría de remodelar el país entre el 600 y el 8OO d. C.

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