Los "abecedarios" silábicos
Los silabarios hiragana y katakana (y I)

Por regla general, primero un pueblo crea un lenguaje hablado y posteriormente se origina su escritura. La lengua escrita de un pueblo se adapta a su lengua hablada. Esta regla lógica se alteró en el caso del japonés. La lengua hablada de los antiguos japoneses comenzó a ser representada mediante un sistema escrito foráneo. La lengua china enriqueció el léxico japonés, pero fonética y gramaticalmente ocasionó serios problemas lingüísticos.

De alguna forma era necesario indicar tanto la fonética como la sintaxis autóctona del pueblo japones. Algunos caracteres kanji perdieron su pronunciación china y se convirtieron en un mero alfabeto. Esta escritura, que usa los sonidos iniciales de los ideogramas chinos para expresar todos los sonidos del idioma japonés, se conoce como man´yoogana. Recibe este nombre debido a que con ella se escribió el man´yôshû. La antología poética man´yôshû (“Colección de las Diez Mil Hojas”) se considera como la primera expresión vigorosa de la sensibilidad poética de los japoneses además de ser la mayor antología en lengua vernácula. Los poemas hablan de amor y añoranza, de desolación y júbilo, del indisoluble vínculo con la tierra de Yamato y de la veneración por los espíritus locales (kami).

El uso del man´yôgana no sustituía a la escritura china, sino que la complementaba. Se escribían las palabras con los caracteres chinos y se usaba la escritura man´yôgana para anotar la pronunciación japonesa. Del mismo modo era necesario anotar las funciones sintácticas, y para ello la lengua japonesa necesita una serie de desinencias que acompañan a las palabras. Estas desinencias reciben el nombre de okurigana. De nuevo, la escritura man´yôgana sirvió para añadir estos okuriganas al léxico de origen chino. Los problemas fonéticos y gramaticales estaban resueltos, sin embargo a veces resultaba complejo distinguir que caracteres formaban parte de las anotaciones man´yôgana y cuales no. Para poder realizar esta distinción se crearon unos símbolos distintos mediante la simplificación de los kanjis usados fonéticamente.


Ejemplo de simplificación de un carácter Kanji(ideográfico) en un carácter Katakana (fonético)

La escritura man´yôgana derivó en los silabarios hiragana y katakana, también llamados kana. Hasta ahora se ha hablado de silabarios y no de alfabetos. El japonés no tiene un alfabeto propiamente dicho, no se divide en consonantes y vocales, tiene una sola consonante que es la "n", cinco vocales (iguales a las nuestras) y cuarenta y dos sílabas. Para explicar el origen de estos dos silabarios se citará un fragmento del memorable ensayo "Introducción al estudio de los caracteres chino-japoneses" realizado por el erudito D. Ricardo García Uceda:

"I.HIRAGANA: Deriva de una simplificación del estilo cursivo (ya de por sí simplificada). Ya en el s.VIII un poeta de NARA, Kibi no Mabi usó los primeros kana. En su difusión tuvieron no poca importancia una pléyade de poetisas de la era HEIAN. Como se trataba de un estilo simplificado en forma llana se la llamó Hiragana (Hira = llano).

II.KATAKANA. Es un estilo más anguloso y menos curvilíneo que el Hiragana, procedente no del sokode (estilo femenino del Man´yogana del que derivó el hiragana) sino del estilo masculino llamado onokode, y que toma como base sólo una parte del kanji cuya pronunciación se desea. Por eso se llama KATAKANA (Kata = una parte)"

Silabario Hiragana

Silabario Katakana

Tanto la estandarización y fijación del silabario katakana como del silabario hiragana son atribuidos tradicionalmente a los monjes budistas Kukai y Kibi Dajin entre los años 760 y 790. Aunque también es citado por algunos autores el reformador budista Kobo Daishi (772-834 a.D). La aparición de los silabarios sirvió, en un principio, para que personas poco letradas para que pudieran escribir la lengua japonesa sin necesidad de aprender los complicados caracteres chinos. Gracias al empleo de los silabarios, la escritura japonesa dejó de ser ideográfica pura, y se convirtió en silábico-ideográfica. Y con ese mismo carácter ha seguido hasta nuestros días. El silabario antiguo recibe el nombre de i-ro-ha. Se denomina así porque son las tres primeras sílabas con las que da comienzo un famoso poema anónimo del siglo IX de nuestra era que trata el tema budista de las transiciones de la vida. Este poema tiene la finalidad de ayudar a recordar la letras del silabario. La ordenación de las sílabas de este poema todavía se usa como guía en algunos diccionarios.

Poema i-ro-ha
Kana representado
Romanización

Iro wa nioedo
Chirinuru o
Waka yo tare zo
Tsune naran
Ui no okuyama
Kyoo koete
Asaki yume miji
Ei mo sezu

Una posible traducción sería: "Los colores son fragantes, pero ellos se apagan. En este mundo nada es eterno. Hoy he cruzado la alta montaña de las ilusiones de la vida y no habrá mas sueños suaves ni nunca más me embriagaré."




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