La conversión de grafías japonesas a occidentales
La romanización del japonés

Aunque con posterioridad se tratará este tema desde un punto de vista práctico, una mínima base teórica es necesaria en este momento. Antes de presentar la lista de los silabarios, es necesario introducir un concepto que puede resultar un tanto confuso: la conversión de grafías japonesas a caracteres occidentales. Desde el comienzo de esta página web se han escrito palabras japonesas mediante letras occidentales; esto se conoce con el nombre de transcripción, romanización o transliteración del japonés.

Lo que para nosotros es simplemente un modo de escribir los caracteres japoneses con “nuestras letras”, se convirtió en una dura pugna en fechas pasadas. Incluso llegó a proponerse la sustitución total de la escritura japonesa tradicional por el modo occidental. Algo que no es ninguna barbaridad y como ejemplo poner a la actual Turquía, que ha cambiado la escritura arabe por la occidental. Evidentemente, Japón continua usando su escritura original, aunque el debate originado en torno a la romanización ha provocado que surjan distintas maneras de acometer esta tarea.

La primera persona, de la que se tenga constancia, en intentar la romanización del japonés fue el misionero Francisco Javier en el siglo XVI. Sin embargo, no es hasta tiempos de la Restauración Meiji cuando nos encontrarnos con movimientos a gran escala a favor de la romanización del japonés. El principal argumento fue que los caracteres japones eran demasiado difíciles para una gran parte del pueblo japonés. Esto ocasionó serias discusiones entre los intelectuales de la Restauración Meiji. Los estudiantes que habían viajado al extranjero, como Nishi Amane (1826-1897), afirmaban que el uso de la romanización podría suponer un tremendo beneficio para las, pobremente educadas, clases bajas y cuyo conocimiento de los caracteres kanji era muy limitado. Taguchi Ukichi, fue uno de los mayores defensores de la romanización. Opinaba, que si bien la romanización presentaba serios inconvenientes, las ventajas superaban a las desventajas. Creía que el uso de la romanización junto con el japonés coloquial podría ser el futuro del japonés escrito. Taguchi se dio cuenta de que había areas donde el uso de la romanización sería especialmente beneficioso (la empresa, el ámbito científico y especialmente para poder asimilar los vocablos foráneos que no tenían kanji asociado).

Los dos primeros sistemas de transcripción que se plantearon fueron el Hepburn-shiki (que está basado en la pronunciación) y el Nippon-shiki (que está basado en la gráfia). El sistema Hepburn debe su nombre a J. Curtis Hepburn (1815-1911), médico y misionero norteamericano que dedicó su vida a la lengua y cultura de Japón, compiló el primer diccionario inglés-japonés, la primera gramática japonesa para anglo-parlantes y realizó una traducción de la Biblia al japonés. Hepburn fue la primera persona, de la que se tenga constancia, que enseñó a los japoneses a escribir usando caracteres occidentales. El segundo gran sistema de transcripción fue ideado por el físico japonés Tanakadate Aikitsu. Surgió casi al mismo tiempo que el Hepburn, pero no fue capaz de ganar tanta aceptación como el primero hasta años más tarde.

Ambos estilos compitieron por el reconocimiento oficial desde varias organizaciónes que se crearon para promover el uso de los caracteres romanos. Una de estas organizaciónes fue la Romaji-kai (Sociedad de Roma-Ji, letras romanas), creada en 1885 y formada por extranjeros y japoneses. Tiene su nombre de la forma en que los japoneses llaman a los caracteres occidentales: romaji.

El gobierno japonés optó por el sistema Hepburn en 1908 (especialmente gracias la Sociedad Hiromekai). Pero en 1937 el Nippon-shiki, que había sido mejorado y que ahora se llamaba Kunrei-shiki (“sistema oficial”), fue oficialmente adoptabo por el gobierno. Después de la Segunda Guerra Mundial, los que propusieron el sistema Hepburn intentaron persuadir al Gobierno de Ocupación para que repusiera el sistema anterior y acusaron a los partidarios del sistema Kunrei-shiki de militaristas. A pesar de que el sistema Hepburn todavía sigue siendo el oficial es común encontrarnos con ciertos segmentos de la sociedad que usan el Kunrei-shiki.

El sistema Hepburn (Hebon-Shiki como lo llaman los japoneses) es el más aceptado hasta el momento, y aunque no es el más fiel a la lengua japonesa, sí es el que mejor reproduce los sonidos de las sílabas japonesas. El curso de japonés Gunkan usará como base el sistema de transcripción Hepburn, dado que es el más indicado para la correcta pronunciación del japonés y el que facilita más y mejor el acercamiento del estudiante español a la lengua japonesa. Sin embargo se le realizarán una serie de modificaciones que serán comentadas posteriormente.

El Kunrei-shiki se basa no en los sonidos de las sílabas (como hace el sistema Hepburn), sino en la ortografía. Los silabarios dados en este libro (que como ya se ha dicho pertenecen al sistema Hepburn) se diferencian del Kunrei-shiki solamente en que no existen irregularidades en la representación de la pronunciación. Si nos fijamos en los silabarios dados en la páginas siguientes (silabario hiragana y silabario katakana) veremos que si en una fila se ponen las sílabas que empiezan por “s” no se sigue la secuencia normal de “sa, si, su, se, so”, sino que por ejemplo “si” se convierte en “shi”. Esto es debido a que el sistema Hepburn transcribe la pronunciación de las palabras. Como el sistema Kunrei-shiki se basa en la ortografía y no en la pronunciación, sigue la secuencia normal de las sílabas y de esta manera se eliminan las irregularidades. Los cambios por consiguiente son: shi-si, chi-ti, tsu-tu, fu-hu, ji-zi, ji-di y zu-du. A la hora de transcribir los “diptongos” se emplea la forma “s + y (vocal)” y que da lugar a transcripciones del tipo: sya, syo, syu, etc... El que los japoneses prefieran el sistema Kunrei-shiki se debe a que a ellos no les induce a error. Un japonés sabe que “ti” se pronuncia “chi” o que “tu” se pronuncia “tsu”, pero a un occidental esto podría conducirle a error, por eso se usa el sistema Hepburn. El influjo de los préstamos lingüísticos en la lengua japonesa es responsable de un gran número de cambios fonéticos que ocurrieron después de la creacion del Kunrei-shiki. Esto puede ayudar a explicar que las distinciones entre los sonidos de consonantes y vocales fueran mucho menores hace cien años. Una vez que Japón abrió sus puertas a occidente, su léxico y su fonética se vieron también alteradas. La flexibilidad del sistema Hepburn para adaptarse a nuevos sonidos quedó patente, algo que no pudo hacer el sistema Kunrei-shiki.

La transcripción presenta un gran número de variantes (teniendo un origen común en alguno de los dos sistemas principales) y cada tratado sobre el idioma japonés suele incorporar su propia versión. Esta falta de homogeneidad no debe presentar un problema para el estudiante. Cuanto antes sea capaz de prescindir de los textos romanizados y enfrentarse a la escritura japonesa real, antes estará en condiciones de dominar esta lengua.


Última modificación: 22 Junio de 2000
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